por Enrique Krauze
Edmund Burke decía que la única condición para que prevalezcan las fuerzas del Mal es que los hombres de bien no hagan nada। Hemos llegado a esta situación porque los ciudadanos lo hemos permitido. Con nuestra tolerancia a la corrupción, con nuestra pereza para exigir cuentas claras, con nuestra pobre participación en los asuntos públicos. Es hora de decir que la burguesía mexicana tiene una responsabilidad mayor en los hechos que ahora le preocupan. Basta hojear los nauseabundos suplementos o las revistas que retratan su "vida social", para calibrar la infinita estupidez de sus declaraciones, la buena conciencia de sus migajas filantrópicas, la grosera frivolidad de sus poses, el dispendio del que hacen gala y que es, en sí mismo, una incitación irresistible al delito. No saben en qué país viven. Parece que no viven en este país.
Las medidas que ha propuesto "México unido contra la delincuencia" (observatorio ciudadano, estrategia nacional contra el secuestro, legislación antisecuestro, reclusorio para secuestradores, reglamentación de celulares) son importantes pero no suficientes, porque no tocan el corazón del problema: la complicidad entre policías y delincuentes। ¿Qué hacer? En primer lugar, exigir un diagnóstico exacto y honesto que reconozca esta simbiosis. En segundo lugar, esperamos un rediseño completo de las fuerzas policiacas del país. En tercer lugar, es necesario que los mandos superiores se hagan responsables efectivos de sus áreas: si sus subordinados fallan, ellos también deben pagar por la falla. En el momento en que esa responsabilidad sea efectiva, los mandos van a cuidar las actuaciones de sus subordinados porque no sólo les iría el puesto sino hasta su libertad.
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